
Las lecturas me parecen sumamente importantes porque en ellas se tratan temas de actualidad, en los que se pone de manifiesto el uso de la tecnología como un medio que favorece la comunicación y la interacción entre personas de distinta formación y cultura tanto de manera sincrónica como asincrónica.
Se deja ver además, los beneficios de establecer redes y comunidades de estudio o práctica en las que es posible compartir y discutir información en torno a uno o más tópicos relacionados entre sí en organizaciones previamente delimitadas. “De una interacción permanente nace una sensación de vinculación, una pasión compartida y una profundización de los conocimientos. El perfeccionamiento de los conocimientos puede ser continuo, cíclico y fluido”.
Hay que tener en cuenta; sin embargo, que la interacción en estas comunidades debe darse de forma ordenada y, en la medida de lo posible, hay que conducirse con base en los siguientes aspectos: 1) hay que definir objetivos personales y comunes, 2) las participaciones deben ser regulares y enriquecedoras y 3) debe asumirse la naturaleza del conocimiento generado como un constructo social.
En este sentido, en el artículo Las comunidades de práctica y las comunidades de aprendizaje virtuales: ventajas, obstáculos y factores de éxito se mencionan algunos factores que influyen en el éxito de una comunidad de práctica, entre los que destacan: la usabilidad de la tecnología, confianza en las TIC, y aceptación de las mismas para la comunicación, así como un sentimiento de pertenencia entre los miembros y el manejo de un concepto o lenguaje común.
Se señala también que una comunidad de aprendizaje virtual puede llevar a cabo investigaciones de primera mano, pero en la mayoría de los casos su objetivo principal es promover el conocimiento de los participantes, ya sea a través de la educación formal o del perfeccionamiento profesional.
El impacto de las comunidades de aprendizaje es tal que su existencia se está generalizando en las instituciones de educación superior gracias a los avances tecnológicos que facilitan la incorporación de modelos pedagógicos colaborativos a través del uso de las tecnologías para la información y la comunicación (TIC).
Es interesante saber además, que las comunidades de aprendizaje así como el conocimiento que se puede construir mediante ellas, no está quedándose solamente en un ambiente académico, sino que cada vez más se prescinde de ellas en las actividades económicas de distintas organizaciones (Lozano, 2010).
Es en este punto donde interviene otro concepto, que se incorpora a la eficiencia organizacional: Administración del Conocimiento. Para Carrillo (2001) la Administración del Conocimiento es una estrategia en la que es necesario identificar, sistematizar y desarrollar el universo de capitales de una organización. Dicha estrategia se sustenta en el intercambio de conocimientos, experiencia y uso de la tecnología para dar soporte a una organización de la información en forma rápida y eficiente.
Martínez (2001) señala que la administración del conocimiento requiere de tres procesos clave:
La administración de sistemas de capitales, que tiene como objetivo identificar y explicar el valor de los activos intelectuales de una organización.
La administración del capital humano, que considera el desarrollo de competencias clave, a nivel individual, y el desarrollo de prácticas de valor, a nivel grupal.
La administración del capital instrumental, que se refiere a generar valor mediante los sistemas y recursos tecnológicos que sirven de soporte para integrar una base de conocimiento en la organización.
Estableciendo algunas comparaciones entre lo que se hace en una institución educativa y lo que se hace en una organización que persigue fines de productividad y eficiencia, puede observarse de manera concreta lo siguiente:
Se precisa en una organización identificar la existencia de un conocimiento explícito, el “saber qué”, que usa un sistema de símbolos y se encuentra en la documentación: manuales y patentes. Lo que en una institución académica puede encontrarse en la misión, visión o reglamento.
Se requiere identificar el “saber cómo”, que representa el conocimiento tácito que se encuentra en las personas y que se aprende mediante la observación y la imitación. En un ambiente escolar, este “saber cómo” puede quedar expresado en la interacción maestro-alumno, creencias, cultura, estilo pedagógico, en sí lo que se denomina currículum oculto.
Para tener una idea más clara sobre los conceptos que se han mencionado, se hará referencia a Smith (2001) quien describe al conocimiento explícito como el conocimiento académico que es descrito en lenguaje formal, en medios impresos o electrónicos y al conocimiento tácito, como el conocimiento práctico, adquirido por la experiencia personal, casi nunca expresado abiertamente, a menudo parecido a la intuición.
Un vínculo más que puede establecerse entre la constitución de una escuela y la de una organización, es la existencia de grupos formales y grupos informales que facilitan la generación y transmisión de conocimiento.
Los grupos formales de acuerdo con Chivenato (2004) se clasifican como:
Grupos de mando: Grupos tradicionales establecidos en razón de las relaciones formales de autoridad y que están definidos en el organigrama.
Grupos de tarea. Grupos definidos por la organización constituidos por personas que, juntas, deberán desempeñar una tarea o función determinadas.
En tanto, los grupos informales de acuerdo con el mismo autor (Chiavenato, 2004), se clasifican como:
Grupos primarios, que son grupos pequeños formados por compañeros de trabajo, por ejemplo.
Grupos de interés, formados por personas que se reúnen para alcanzar un objetivo común y personal.
Grupos de amigos, son aquellos que rebasan el ambiente de trabajo para establecer relaciones sociales.
Puede verse en este breve análisis las semejanzas en la estructura y el funcionamiento entre una organización de cualquier índole y una organización educativa. De esta manera, habiendo identificado grupos y vías de comunicación afines en una y otra, debemos con mayor ahínco proporcionar y trabajar bajo competencias que tendrán un impacto no sólo en la vida académica, sino también en la vida profesional y laboral que espera a cualquier ciudadano de la denominada era del conocimiento.
Referencias:
Sellinger, M. y Caneiro, R. (2010, 18 de febrero). Las comunidades de práctica. En http://www.elearningpapers.eu/index.php?page=home&vol=5.
Margaret, P. y Fonthaina, E. (2010, 19 de febrero). Las comunidades de práctica y las comunidades de aprendizaje virtuales: ventajas, obstáculos y factores de éxito. En http://www.elearningpapers.eu/index.php?page=doc&doc_id=10219&doclng=7.
López Falconi, Juan Eduardo (2007). Identificación de propósitos, características y procesos que debe tener una comunidad de prácticas de valor para favorecer la administración del conocimiento generado en las oficinas de comunicación de una institución de educación superior. ITESM, Universidad Virtual

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